DESENCUENTRO (A Xiomara Castro de Zelaya Primera Dama de la Dignidad) Primero fueron los militares, después los paramilitares, y el viernes reciente la policía. Llegó la patrulla a buscarme a Monte Amistad. Y no me hallaron, sólo vieron a cuarenta niños y niñas haciendo un curso de teatro. Llegaron en el día y no me vieron y regresaron en la noche, porque a ellos les favorece siempre mucho más la oscuridad; pero tampoco me vieron. No me han podido ver en mi casa, ni en las calles, ni en las aldeas; es que cambié de rutinas y de caminos, para ser coherente, pues todo cambió en Honduras este junio ciego que arreciará su rutina, su hambruna, no dándose cuenta, que todo ha cambiado aquí. No me busquen, no se dejen engañar por lo que les dicen, no estoy aquí, ni allá; no me vieron en los niños y niñas y no me verán, porque esos, y miles de niños y niñas, hacen mejor teatro que yo, saben zancos y ajedrez, marimba, guitarra y teclado, leen y escriben poesía y cuentos, piensan y dialogan. Son periodistas y líderes. Trabajan por la paz y fomentan la amistad. Esos niños son mucho mejor de lo que de niño hubiera querido ser yo. Por eso es que no me pudieron ver. Se que a horas y deshoras me buscan, para qué; quizá quieran beber conmigo un café. Pero no tenemos cita previa y no hemos coincidido. Quizá cuando vuelva MEL podamos hacer una cita, mientras tanto no me busquen en los retenes, ni en la oscuridad de su cercanía. Yo estoy haciendo poesía con el pueblo y me vuelvo etéreo, invisible, mi escena es el corazón de las ideas, la energía de la resistencia, la multitud popular de la emoción, la dignidad y la fe en La Oración del Hondureño. Ustedes a lo mejor tengan un As oculto en este juego a las escondidas: una NO orden de captura, una desorden de ley de desaparecerme en mi calidad de criminal contra el Golpe, a favor de una Constituyente de un NO a la minería a infiernos abiertos, de un SÍ a la opinión popular, a la asamblea ciudadana y a la notabilidad de la gente sencilla. Mi crimen es que se note a la gente dialogando, aprendiendo, decidiendo, en vivo, con derecho a la vida, al bien, la justicia y la paz, preguntando por qué, qué esto, qué lo otro. Mi delincuencia es evidente, a muchos he sacado del analfabetismo, del anonimato, de la falta de estima, de las carencias más elementales, con sólo decirles: hermanos, hermanas, seamos equipo, caminemos, seamos compañeros, compañeras, que la vida es bella si juntos la respiramos, la inspiramos, la reinventamos y no le damos paso a la miseria. Si no me encuentran, no vayan a capturar los libros, ni los ajedreces, ni las viviendas mínimas, ni los parques de la expresión, ni las canchas multideportivas, ni las microempresas, ni los zancos, los títeres, las marimbas y guitarras, los poemas y los guiones, los huertos y las milpas, porque van a tener mucho trabajo; exigen mucho las cosas de bien, y hay que estar con la gente humilde, con la gente buena, pensando y haciendo, con los pequeños, aprendiendo con los humildes, creyendo; y en estos tiempos de crisis, eso no se los recomiendo, es complicado, es un trabajo que requiere afinidad, compromiso, estudio, evangelio, diálogo. Y al suave, sin ofender su alto nivel profesional, les prevengo, que si ustedes se meten a ese lío, podría complicárseles sus relaciones con sus nuevos jefes y la clase política del Golpe, que enojados los mirarían de reojo, dispararían, y dirían: no vimos que estaban allí.
|